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"Llegó Godot y no había nadie" ¡¡PRÓXIMAMENTE EN NUESTRO BLOG!! - el anticipo: la nota en la Revista "Ñ" + el video con la palabra de MARCELO SUBIOTTO

Revista de Cultura "Ñ"
ESCENARIOS- Teatro - 04/12/13 - 17:48

¿Todavía esperamos a Godot?
A sesenta años de la publicación de la emblemática “Esperando a Godot”, de Samuel Beckett, una obra postula su llegada en el marco del "Festival Beckett Buenos Aires".

POR IVANNA SOTO



"Esperando a Godot" se le vino a la cabeza a Samuel Beckett como título para su obra en un Tour de Francia. Godot era el último ciclista de la carrera al que el público estaba esperando. Eso, al menos, es lo que se cuenta. Por otro lado, la etimología dicta que, dada la particularidad del escritor irlandés de escribir en francés pese a que su idioma natal era el inglés, Godot puede ser, a la vez, "Dios" en inglés o "bota" en francés. Lo cierto es que tampoco importa, Godot es algo que se espera, y como dice Vladimir en la obra, si llega estaremos salvados.

Como sabemos, Godot no llega nunca, porque no hay salvación posible. Al menos en la obra de Beckett. En "Llegó Godot y no había nadie", de Marcelo Subiotto, -no hace falta aclararlo- Godot sí lo hace. El título de la obra apareció primero como chiste interno al ámbito teatral y funcionó luego como disparador del montaje. Pero al ser invitados a la octava edición del "Festival Beckett", creado por Patricio Orozco, el universo quedó circunscripto y resignificado para proponer otro punto de lectura inevitable de la obra.

"Llegó Godot y no había nadie" es en sí una suerte de “comedia de puertas” donde cuatro grupos -dos de características políticas y dos religiosas- aparecen y desaparecen en el escenario mientras conspiran para cometer un atentado en contra de la comercialización y la cosificación del ritual de las pompas fúnebres. Algo así como acechar un funeral con cajones lustrados de formas variables, rodeados de bailarines y anillos para los familiares fabricados con el pelo del difunto organizado por el famoso tanatólogo Ricardo Péculo. Lo que denuncian estos grupos, entonces, es la conversión de lo sagrado en mercancía, el vacío de ciertos rituales de representación que se perptúan en nuestra sociedad. El punto es que cuando llegan al velatorio, no hay muerto ni familiares. Sea lo que signifique Godot para estos grupos: el Paraíso o la Revolución, llegó pasado el Apocalipsis. Pero, así y todo, el ritual se come a la protesta y la representación sigue siendo la estrella.

Cuando Beckett escribió la obra, pensaba que los mejores actores para representarla eran Chaplin y Buster Keaton: esos lúmpenes con bombín, bastón y problemas para caminar. Si bien el registro de "Llegó Godot…" es otro, sí mantiene su universo sostenido desde un discurso simbólico para un cuerpo que no está. Sin querer, se formuló una atmósfera en la que resuena ese espíritu becketteano. Y redoblan la apuesta, porque el vacío aparece duplicado: al vacío de la representación se suma el vacío de la protesta en un lugar donde ya no hay nadie. “El mundo se está pareciendo mucho a lo que escribió Beckett. Yo no tengo la culpa”, dirá Subiotto en su entrevista con "Ñ Digital".

Y esto no es casualidad, porque si bien la obra no se erige como la continuidad de "Esperando a Godot" en términos narrativos -y nunca fue esa la intención-, sí lo hace desde el punto de vista histórico-social. Beckett estrenó la obra en 1953 en París, mucho antes de que el filósofo francés Jean-François Lyotard diera sentencia de muerte a los llamados “Grandes Relatos” que dieron sentido a la Historia durante la Modernidad. Lo cierto es que Beckett se anticipó a eso desde su escritura como expresión espejo del dilema de vivir en un mundo sin sentido. Su mirada era escéptica, pero optimista. Sus personajes están arruinados pero tienen un impulso que los manda para adelante. “¿Y si nos ahorcamos?”, se preguntan Vladimir y Estragón. Pero no lo hacen. Esperan a Godot. Beckett nos recuerda que la vida es eso que que nos pasa y no una espera constante de que llegue Godot y nos señale por dónde tenemos que ir.

Sesenta años más tarde, en un momento de crisis -económica, existencial, moral, amorosa, de referentes-, en plena ¿posmodernidad?, lo que finalmente llega son estos grupos vanguardistas que intentan generar cambios en lo establecido o sembrar una alternativa posible. Pero ya no hay gente. Como si llegara la Revolución que profesó Marx y no quedaran ya trabajadores. El mensaje no es más esperanzador: en este nuevo siglo tampoco hay salvación posible.

"Llegó Godot y no había nadie" puede leerse como una metáfora de que en los tiempos que corren eso que se espera, llámese Godot, ya no importa. O al contrario, como un mensaje esperanzador acerca de que los hombres deben esperar porque el Mesías algún día llegará. Lo cierto es que al igual que con la paradoja del árbol que cae, la pregunta es: si el árbol cae y nadie lo escucha, ¿hace ruido? Con Godot sucede lo mismo. Si Godot llega y no hay nadie, ¿llegó Godot?



FICHA
"Llegó Godot y no había nadie"

Dramaturgia y dirección: Marcelo Subiotto

Actúan:
CORO: Adriana Carrizo García, Alicia Vignati, Federico Iglesias, Lorena Urrutia Núñez, Soledad Borinelli.
CIENTISTAS: Mariana Millapán, Liliam Zarreth, Brenda Costa, Andrés Saavedra.
FUNERARIA: Marianella Caresani, Natalia Canillas, Juan Rubio, Solange Rubisntein.
TRIO: Jimena Civelli, Sebastián Tizziani, Mariano Karamanián.

Dónde: Teatro Espacio Urbano (Acevedo 460).



GODOT EN EL SIGLO XXI. El director Marcelo Subiotto habla de la obra.

FUENTE:

http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/teatro/Festival-Beckett-Llego-Godot_0_1041496277.html

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